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Blog La Rueda
Escrito por Alejandra Folgarait

Los que se dedican al mimo lo saben: hay expresiones de la cara que se comprenden universalmente. Tanto acá como en la China, ciertos movimientos de las cejas, los ojos y la boca se “leen” como alegría, miedo o enojo. Cualquiera podría reconocer estas emociones expresadas por otro ser de la misma especie, independientemente de su etnia o su lugar de nacimiento. ¿O no?

 

La universalidad de las emociones fue postulada en 1873 por Charles Darwin, quien escribió un libro entero –La expresión de las emociones en los animales y el hombre- para demostrar que hay seis emociones innatas en los seres humanos: alegría, sorpresa, miedo, asco, cólera y tristeza. Las expresiones faciales de estas emociones fueron seleccionadas por la evolución porque resultaron útiles para sobrevivir y reproducirse. Por ejemplo, abrir muy grandes los ojos cuando se tiene miedo sirve, desde tiempos inmemoriales, para ampliar el campo visual y también para alertar a otros miembros del grupo sobre un peligro, a fin de disparar un comportamiento de huída.

 

La incursión de Darwin en la psicología evolutiva de las emociones fue una muestra de su curiosidad impenitente y su capacidad observadora. Tras analizar decenas de fotografías e ilustraciones de gestos humanos y mostrárselas  a personas conocidas para que clasificaran las emociones que expresaban, Darwin llegó a la conclusión de que las seis emociones básicas se manifiestan en todas partes usando los mismos movimientos faciales, lo que permite su reconocimiento universal. 

 

La hipótesis universal de las emociones se aplica hoy tanto para comprender qué hace a un político confiable, como para reconocer a los sospechosos de terrorismo mediante cámaras de vigilancia instaladas en calles y aeropuertos. También sustenta las estrategias para detectar mentiras mediante el lenguaje corporal -al estilo de la serie de televisión Lie to me-, y está detrás de los nuevos teléfonos móviles que se activan mediante el reconocimiento de la cara de sus dueños. 

 

Sin embargo, un nuevo estudio acaba de sacudir la estantería de la teoría de las emociones universales. Un grupo de psicólogos escoceses y suizos generó, mediante un programa de computadora, 4.800 movimientos faciales animados sobre rostros caucásicos y asiáticos.  Luego, los científicos le pidieron a dos grupos – uno de personas asiáticas que no habían tenido mayor contacto con la cultura occidental y otro de personas caucásicas criadas en Gran Bretaña-, que clasificaran las emociones que percibían y les asignaran un puntaje según la intensidad.  Así, Rachel Jack y sus colegas de la Universidad de Glasgow y Friburgo descubrieron que las emociones faciales no son percibidas de igual manera por unos y otros.

 

Mientras los occidentales confirmaban las seis emociones básicas de Darwin, los orientales del experimento “leían” de manera diferente algunas expresiones faciales. Por ejemplo, los asiáticos no discriminaban claramente los movimientos que en Occidente se usan para distinguir la sorpresa del miedo, el asco y el enojo.  Además, quienes tenían ojos rasgados utilizaban más las señales de los ojos que las de la boca para detectar la intensidad de cada emoción. 

 

Los científicos sugieren que, si bien algunas expresiones faciales existen desde tiempos inmemoriales en los humanos y también en ciertos animales para expresar miedo o repugnancia, hay otras que dependen del ambiente cultural específico en el que se cría una persona. Según los autores del estudio, “lo que alguna vez fueron señales universales enraizadas en la biología, hoy son gestos moldeados por las prácticas culturales y las ideologías de los grupos que los utilizan para la comunicación e interacción social”.

 

Los resultados de este estudio deberían ser tomados en cuenta a la hora de utilizar tests para diagnosticar el autismo y otras enfermedades mentales. Quizás algunas personas respondan de acuerdo con las pautas transmitidas en su cultura, y no según las de quienes formularon las pruebas diagnósticas. De todos modos, harán falta muchos más experimentos para destronar la primacía de Darwin en el terreno de la evolución de las emociones. 

 

Alejandra Folgarait
Periodista científica. Publicó los libros de divulgación científica "Manipulaciones genéticas" (Editorial Norma) y "En Trance" (Editorial Sudamericana), además de numerosos artículos sobre ciencia, salud, cultura y tecnología en medios nacionales e internacionales.

 

TAGS: evolución-neurociencias- emociones- Darwin- reconocimiento facial

Fuente: Jack, R.E. et al. “Facial expressions of emotion are not culturally universal”. PNAS. : April 16, 2012.  

Crédito foto: Christopher Potts/Stanford.

Para leer más: Darwin, Charles. La expresión de las emociones en los animales y en el hombre. Editorial Alianza,  1984. (original en inglés)

 

 

 

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